VIEJO ALMACEN, SU FUNDACION Y ALGO MAS, MANSO, CARLOS, DE LOS CUATRO VIENTOS, Acepté la invitación de Julio Álvarez Vieyra por su generosa amistad y por unirme a Catamarca con Buenos Aires -provincia y ciudad- a colaborar en la concreción de este trabajo documental, porque me ilusionó volver a mi infancia, retornar a mi adolescencia.Volvía ver sobre el viejo piano de mi tía mayor, el "ORTIZ-CUSSÓ" con candelabros, el montón de partituras, ediciones de su juventud, de los años 20 que, entre algún álbum de Chopin o de Mozart, a los que años después me dediqué, esperaban su momento porque eran razón para que en sus manos nos llevaran al ritmo bailable de tangos, valses, milongas y algún fox-trot. Son sus músicas -ahora en papeles amarillentos- que yo conservo y por ahí revivo en mi piano.Estas páginas eran las que motivaban a amenizar las fiestas familiares de bodas, cumpleaños o bautismos: El choclo, El africano, Flores negras, Malevaje, La copa del olvido, La muchacha del circo, Caminito, Nostalgias, Si soy así, Cuando llora la milonga, Rodríguez Peña, Loca de amor, Don Juan, Julián, Amor que muere, Alma de bohemio, Griseta, Adiós muchachos, Ramona, Esta noche me emborracho, La cumparsita, Milonga del 900, Madreselva, Noche de Reyes, La pulpera de Santa Lucía, La canción de Buenos Aires o Melodía de arrabal, entre muchas más que sabíamos entonar y que, como chicos, queríamos aprender a bailar.Cuando Julio me adelantó el tema de "El Viejo Almacén", me entusiasmó de inmediato por lo palpado y vivido entre el campo y la ciudad. Porque si en los años 70 conocía su boliche, desde muy lejos venía el gusto por el cancionero popular argentino, hasta con las revistas "El alma que canta" o "El canta claro" -que confieso- me compraban mis padres para que aprendiera sus letras y las cantara... o las arruinara.Pero conservo las imágenes en vivo de sus creadores -de los Festivales en el Cine Aesca, en mi barrio de Luis María Saavedra- de Mercedes Simone, Agustín Irusta, Fernando Ochoa; desde su pantalla: de Carlos Gardel, Amando Ledesma, Hugo del Carril; de los bailes carnavalescos con Alberto Castillo, Feliciano Brunelli o D´Arienzo; o de los teatros céntricos con Libertad Lamarque, Tania y Discepolín, Francisco Canoro, Marianito Mores, Rodolfo Sciammarella; Rosita Quiroga, Nelly Omar; Angelillo, Celia Gámez, Miguel de Molina e Imperio Argentina -por lo español- y Goyeneche, Rufino, Rivero, Troilo, García, Salgán - De Lío o Piazzolla.Muchos personajes nuestros que Julio a varios de ellos tuvo a su vera y que yo, aplaudí desde una butaca y muy tarde tuve alguna amistad.El piano aquél, la vitrola, la radio-capilla o la del "ojo mágico", el combinado... trajeron esos sones de músicas populares desde los bailes de los clubes, desde los patios con parrales, las salas de las casas, o "los asaltos" que me marcaron como argentino, y que hoy -más que nunca- me veo en el espejo de la vida con un mundo nuevo que no puede apagar el sentir fiel de aquél pasado mas verdadero y humano., libro, libreria, comprar, en venta, venta, online, envio, envios, domicilio, precio, precios, disponibilidad, stock, resumen, critica, criticas, VIEJO ALMACEN, SU FUNDACION Y ALGO MAS, libros de MANSO, CARLOS, obras de MANSO, CARLOS, editorial DE LOS CUATRO VIENTOS, editores
Acepté la invitación de Julio Álvarez Vieyra por su generosa amistad y por unirme a Catamarca con Buenos Aires -provincia y ciudad- a colaborar en la concreción de este trabajo documental, porque me ilusionó volver a mi infancia, retornar a mi adolescencia.Volvía ver sobre el viejo piano de mi tía mayor, el "ORTIZ-CUSSÓ" con candelabros, el montón de partituras, ediciones de su juventud, de los años 20 que, entre algún álbum de Chopin o de Mozart, a los que años después me dediqué, esperaban su momento porque eran razón para que en sus manos nos llevaran al ritmo bailable de tangos, valses, milongas y algún fox-trot. Son sus músicas -ahora en papeles amarillentos- que yo conservo y por ahí revivo en mi piano.Estas páginas eran las que motivaban a amenizar las fiestas familiares de bodas, cumpleaños o bautismos: El choclo, El africano, Flores negras, Malevaje, La copa del olvido, La muchacha del circo, Caminito, Nostalgias, Si soy así, Cuando llora la milonga, Rodríguez Peña, Loca de amor, Don Juan, Julián, Amor que muere, Alma de bohemio, Griseta, Adiós muchachos, Ramona, Esta noche me emborracho, La cumparsita, Milonga del 900, Madreselva, Noche de Reyes, La pulpera de Santa Lucía, La canción de Buenos Aires o Melodía de arrabal, entre muchas más que sabíamos entonar y que, como chicos, queríamos aprender a bailar.Cuando Julio me adelantó el tema de "El Viejo Almacén", me entusiasmó de inmediato por lo palpado y vivido entre el campo y la ciudad. Porque si en los años 70 conocía su boliche, desde muy lejos venía el gusto por el cancionero popular argentino, hasta con las revistas "El alma que canta" o "El canta claro" -que confieso- me compraban mis padres para que aprendiera sus letras y las cantara... o las arruinara.Pero conservo las imágenes en vivo de sus creadores -de los Festivales en el Cine Aesca, en mi barrio de Luis María Saavedra- de Mercedes Simone, Agustín Irusta, Fernando Ochoa; desde su pantalla: de Carlos Gardel, Amando Ledesma, Hugo del Carril; de los bailes carnavalescos con Alberto Castillo, Feliciano Brunelli o D´Arienzo; o de los teatros céntricos con Libertad Lamarque, Tania y Discepolín, Francisco Canoro, Marianito Mores, Rodolfo Sciammarella; Rosita Quiroga, Nelly Omar; Angelillo, Celia Gámez, Miguel de Molina e Imperio Argentina -por lo español- y Goyeneche, Rufino, Rivero, Troilo, García, Salgán - De Lío o Piazzolla.Muchos personajes nuestros que Julio a varios de ellos tuvo a su vera y que yo, aplaudí desde una butaca y muy tarde tuve alguna amistad.El piano aquél, la vitrola, la radio-capilla o la del "ojo mágico", el combinado... trajeron esos sones de músicas populares desde los bailes de los clubes, desde los patios con parrales, las salas de las casas, o "los asaltos" que me marcaron como argentino, y que hoy -más que nunca- me veo en el espejo de la vida con un mundo nuevo que no puede apagar el sentir fiel de aquél pasado mas verdadero y humano.