CELIA, LA MADRE DEL CHE, CONSTENLA, JULIA, Sudamericana, En un texto muy poco conocido que Guevara escribe antes de cruzar el lago Tanganica, cuando se entera de que su madre agoniza, muestra la intensidad de su relación: "Sólo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga 'mi viejo', con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo, uno lo sabe cuando escucha ese 'mi viejo'...". Cuando Ernesto Guevara de la Serna escribe esto su madre ya había muerto, él lo sabrá unos días después.Celia de la Serna de Guevara no es simplemente la madre del Che. Este libro la rescata del discreto segundo plano que eligió pese a que desde muy joven aceptó correr los riesgos que implicaban sus decididos compromisos culturales, éticos y políticos. Julia Constenla narra la vida de una persona ejemplar. Desde la cómoda infancia de una niña de "buena familia" nacida a principios del siglo XX, su educación en un elegante colegio porteño, una prematura vocación religiosa, los desafíos juveniles a la sociedad de la época, en tiempos en que el pelo corto y el cigarrillo en manos femeninas eran casi insultantes, su activo compromiso con la república española, la participación en organismos de apoyo a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, hasta la defensa de la revolución cubana. No aceptó las reiteradas invitaciones del Che a instalarse en La Habana, donde podía colaborar con el trabajo y la construcción de su hijo. Prefirió difundir los logros de la experiencia cubana de lejos de la isla que amaba, pese a que por hacerlo más de una vez fue atacada a balazos y soportó la cárcel y la clandestinidad estando ya enferma.Constenla también se asoma a otras historias familiares, de esa manera puede reflejar momentos de la vida del Che vistos con la mirada de su madre. Desde la infancia de una niño acosado por el asma, la juventud en busca de un destino, hasta madurar, compartiendo sus búsquedas con "la vieja", como la llama en la mayor parte de sus cartas, una opción de lucha, tal como lo refleja la abundante correspondencia que intercambiaron. Cuando aquel niño ya no era Teté o Ernestito, como lo llamaban en familia, sino el comandante Guevara, su madre seguía recibiendo noticias detalladas de sus esperanzas, sus pocas zozobras y, muy rara vez, algo que él mismo calificó como "nostalgia tangueril"., libro, libreria, comprar, en venta, venta, online, envio, envios, domicilio, precio, precios, disponibilidad, stock, resumen, critica, criticas, CELIA, LA MADRE DEL CHE, libros de CONSTENLA, JULIA, obras de CONSTENLA, JULIA, editorial Sudamericana, editores
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CELIA, LA MADRE DEL CHE




CELIA, LA MADRE DEL CHE
CELIA, LA MADRE DEL CHE | CONSTENLA, JULIA | Sudamericana
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Autor(es)CONSTENLA, JULIA
EditorialSudamericana
ISBN950-07-2583-5

En un texto muy poco conocido que Guevara escribe antes de cruzar el lago Tanganica, cuando se entera de que su madre agoniza, muestra la intensidad de su relación: "Sólo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga 'mi viejo', con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo, uno lo sabe cuando escucha ese 'mi viejo'...". Cuando Ernesto Guevara de la Serna escribe esto su madre ya había muerto, él lo sabrá unos días después.Celia de la Serna de Guevara no es simplemente la madre del Che. Este libro la rescata del discreto segundo plano que eligió pese a que desde muy joven aceptó correr los riesgos que implicaban sus decididos compromisos culturales, éticos y políticos. Julia Constenla narra la vida de una persona ejemplar. Desde la cómoda infancia de una niña de "buena familia" nacida a principios del siglo XX, su educación en un elegante colegio porteño, una prematura vocación religiosa, los desafíos juveniles a la sociedad de la época, en tiempos en que el pelo corto y el cigarrillo en manos femeninas eran casi insultantes, su activo compromiso con la república española, la participación en organismos de apoyo a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, hasta la defensa de la revolución cubana. No aceptó las reiteradas invitaciones del Che a instalarse en La Habana, donde podía colaborar con el trabajo y la construcción de su hijo. Prefirió difundir los logros de la experiencia cubana de lejos de la isla que amaba, pese a que por hacerlo más de una vez fue atacada a balazos y soportó la cárcel y la clandestinidad estando ya enferma.Constenla también se asoma a otras historias familiares, de esa manera puede reflejar momentos de la vida del Che vistos con la mirada de su madre. Desde la infancia de una niño acosado por el asma, la juventud en busca de un destino, hasta madurar, compartiendo sus búsquedas con "la vieja", como la llama en la mayor parte de sus cartas, una opción de lucha, tal como lo refleja la abundante correspondencia que intercambiaron. Cuando aquel niño ya no era Teté o Ernestito, como lo llamaban en familia, sino el comandante Guevara, su madre seguía recibiendo noticias detalladas de sus esperanzas, sus pocas zozobras y, muy rara vez, algo que él mismo calificó como "nostalgia tangueril".

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